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07/SEP/10
No es cuestión de leyes
04/SEP/10
“Globo de ensayo”
31/AGO/10
Legalidad y legitimidad
28/AGO/10
Vétela, señor Presidente
24/AGO/10
Independencia de poderes
21/AGO/10
¿Y la víctima?
La democracia, en cuyo nombre se cometen tantos crímenes, para que tenga plena vigencia en un país, debe respaldarse en sólidas instituciones jurídicas que le den seguridad a los gobiernos para que puedan llevar a cabo su tarea en forma positiva. Las instituciones creadas dentro del Estado moderno, tienen su razón de ser. Son el soporte, la piedra sillar de los destinos nacionales.
Cuando en un país, cualquiera que este sea, las instituciones que constan en la Constitución y en las leyes, empiezan a desmoronarse, el peligro que se cierne sobre los horizontes es sumamente peligroso. Aunque se diga lo contrario, las instituciones en el Ecuador están atravesando por momentos críticos. La etapa de transición consagrada en la Carta Política de Montecristi, cuya duración es demasiado larga, abona para la pérdida de la institucionalidad. Prueba de ello es que, como consecuencia de dicha transición, la Asamblea Nacional en cumplimiento de una disposición constitucional, tenía la obligación de dictar dentro de un año posterior a la vigencia de la Carta Política actual, innumerables leyes sin las cuales no puede decirse que el Ecuador es un verdadero Estado de derecho.
Frente a esta grave situación, la Asamblea Nacional presionada por las circunstancias y obsecuente con las disposiciones del Poder Ejecutivo, ha dejado de ser la función que legisla y que fiscaliza. La falta de fiscalización durante el lapso de tres años, como es lógico suponer, es un factor estimulante para la corrupción.
La Asamblea Nacional, sin escrúpulo alguno, procede haciendo uso de medios que atentan contra la dignidad de esa función del Estado.
En el afán de tratar de imponer a la fuerza una ley, porque se dice que “la ley va porque va”, se ha implantado dentro de la Asamblea una verdadera cacería de votos para tratar de, al precio que sea, virar las opiniones de los legisladores que han expresado su oposición a esas leyes. Lo grave del caso es que gran número de legisladores que llegaron a la Asamblea como resultado de alianzas sin ninguna base ideológica, de la que carecen muchos de ellos, se viren “como tortilla de huevo” para justificar su actitud con pretextos fútiles.
Desde que se inventaron las excusas, nadie queda mal. Esta es la razón para que haya asambleístas que muy sueltos de lengua digan que votarán por la Ley de Educación Superior porque le han ofrecido una universidad para su ciudad. Procedimientos de esta naturaleza desmerecen a sus autores y a quienes los impulsan a que se expresen así. Los cambios no se hacen con la lengua, sino con procedimientos y actitudes nuevas.
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La Organización de las Naciones Unidas, ONU, encargó a uno de sus más altos representantes, especializado en el análisis de la impunidad, para que ...